aqui voy a ir recopilando cosas que encuentro por ahi y q me parece que os puedan interesar
y mas cosas que se ma vayan ocurriendo
espero que os guste

domingo, 17 de febrero de 2013

Premios GOYA 27 edicion

aqui os dejo alguno de los vestidos que mas me han gustado de la alfombra roja de los GOYA BLANCA SUAREZ PAULA ECHEVARRIA AMAIA SALAMANCA ANA FERNANDEZ QUIM GUTIERREZ HUGO SILVA ALEX GONZALEZ MARIO CASAS ANA MILAN JORDI REBELLON NIEVES ALVAREZ

jueves, 14 de febrero de 2013

No es un adios, es un hasta siempre

aqui os dejo una entrada que han puesto en uno de los blogs que sigo, gracias: http://buildingllops.blogspot.com.es/ Te levantas un día, el sol brilla en lo alto y no hay ni una sola nube que te impida ver ese azul tan precioso de mediados de verano. Es un día más, en el que tu vida está plagada de maravillosas cosas y eso hace que te sientas feliz y orgullosa de todo lo que te rodea. No piensas que un simple vaso de Nesquik con cereales va a ser distinto a partir de ese día. No piensas que tu rutina cambiará, dando un giro de 180º. Lo único que tú sabes es que tu vida es magnífica y que nadie te lo puede arrebatar, por eso empiezas el día como si nada, como un día más. Pero ese día va a ser diferente. Lo que parecía un día soleado se convierte en pocos minutos en un día lleno de nubes, aunque el sol brille con toda su fuerza, para ti y los que en ese momento te rodea, el sol no existe, las nube se apoderan y ya NADA tiene sentido. Solo, miras a tú alrededor y no entiendes nada, te preguntas: cómo un día normal se convierte en uno de los peores días de tu vida. ES POSIBLE. Lo único que buscas en ese momento es una explicación a lo sucedido, pero no la tienes. Lo único que quieres es salir corriendo, y encontrarte con esa persona que ha dejado de estar en tu vida en menos de 10 minutos. La cabeza se te llena de preguntas sin respuesta ¿por qué? ¿Cómo? E incluso, por un tiempo no eres consciente que esa persona ya no va a estar más contigo. Te cuesta reaccionar ante lo que ha pasado y no sabes dónde meterte. Tu inmadurez no te deja ser consciente de lo que realmente está sucediendo A partir de ese momento, los diferentes acontecimientos te mantienen entretenida y triste. Es una rara sensación, pero te sientes arropada por la gente y eso te hace un poco más fuerte y te ayudan a llevarlo lo mejor posible. Pero eres consciente que todo eso pasa, y que la realidad viene después. Una vez acabado todo tipo de evento/suceso, la REALIDAD se apodera. Tienes que seguir tu vida pero con un vacío dentro que hace que ya nada sea igual, que tu vida dé un giro de 180º y tengas que hacer frente a lo que se avecina. Poco a poco, vas saliendo adelante con la ayuda de otras personas y sobretodo de tu familia que también ha pasado esa perdida y juntos lo vais superando. Cuando ya pasa el tiempo, la gente empieza hacer sus preguntas, antes quizás no se atrevían por miedo o por respeto y empiezan las preguntas. En ese momento, cuando empiezas a contestar a cada una de ellas con serenidad y madurez, te das cuenta que lo ha superado, que aunque se te escape una lagrimita y se te haga un nudo en la garganta al contarlo, sabes que es natural ya que en cada respuesta hay una verdad y unas ganas tremendas de seguir adelante y la vez un montón de emociones y de tristeza porque sabes que le echas de menos y que le quieres con todas tus fuerzas. Muchos te preguntan ¿cómo es posible? Yo no sé si hubiera podido superarlo. Sinceramente, os digo, que todo en esta vida es posible si se saca algo bueno de cada situación o directamente si aprendes algo que te hace ser mejor persona. A mí, por ejemplo, me enseñó a valorar lo que realmente tiene valor, a dar importancia a lo que hay que darla, y sobre todo a disfrutar cada momento con todos los que más quiero. Sé que es difícil, pero la vida es un camino lleno de piedras. Hay piedras más grandes y otras pequeñas. Las pequeñas en muchos casos, no las hacemos casos, podemos hacer como sí se problema nunca hubiera existido, pero ¿y las grandes? No se puede evitar, por lo tanto o te haces fuerte y te enfrentas o no podrás seguir adelante. Ahora bien, no digo que sea fácil, pero si posible. Y superar una pérdida tan grande como fue la de mi padre, me costó muchísimo pero lo superé lo que no quiere decir que lo haya olvidado, ÉL siempre va a estar en mi corazón y sé que, donde quiera que esté, me cuida como a vosotros vuestro padre. Cada vez que cuento esto, me emociono. Jamás pensé que una amiga mía me pidiera que publicara algo así, realmente al principio me negué, no me parecía bien contar mis intimidades al resto del mundo, pero por otra parte pensé y fue lo que realmente me animo hacerlo es el poder ayudar a alguien y darle fuerzas para que siga adelante, que si las cosas pasan son por algo y que todo en esta vida tiene recompensa, está claro que nadie va a poder sustituir la figura de mi padre, pero aunque siempre tenga ese vacío hay cosas en mi vida que realmente me animan a seguir adelante, porque sé que si yo estoy bien, el resto de mi familia va a estar bien y viceversa. Porque no soy la única que he perdido a alguien, mi hermano a su padre, mi madre a su marido, mis primos a su tío o padrino. Y solo por ver feliz a esas personas que son las que están ahora aquí, yo saco la mejor de mis sonrisas por mucho que le eche de menos, porque seguramente es lo que mi padre quiere, que seamos felices. Por eso, TODO SE SUPERA Y TODO EN ESTA VIDA TIENE RECOMPENSA

miércoles, 13 de febrero de 2013

Cuentos Clásicos XVI: EL VESTIDO MAGICO

En un lejano país, hace ya muchos años, vivía un rey llamado Carambolo II, era muy gordo y muy rico y se ocupaba de celebrar muchas fiestas y banquetes. Un día apareció en su reino un Mago y le dijo al rey que era capaz de fabricar maravillosas telas jamás vistas, y tenían la cualidad de ser invisibles para todos aquellos que fueran tontos. Así que el rey le ofreció oro, plata y piedras preciosas para que le fabricase un precioso traje. El Mago se encerró en sus habitaciones y comenzó a trabajar. El rey impaciente, al cabo de los días, comenzó a enviar a sus ministros para comprobar como iba el trabajo. Pero ninguno consiguió ver nada, así que cuando volvían a Palacio, temerosos de que el rey se pensara que eran tontos de capirote, mentían y decían que el trabajo iba muy bien y que resultaba precioso. Por fin un día, el Mago mandó decir al rey que el vestido estaba terminado, así que Carambolo II reunió a la Corte y se encaminó a la casa del Mago. De un cofre magnífico, sacó el Mago el vestido, y después de quitar la túnica al rey dejándolo desnudo, hizo como si le colocara encima la maravillosa tela. Pero el rey Carambolo II no consiguió ver nada por más que se esforzaba en mirar, así que decidió hacer como si de veras viera el vestido. El rey se paseaba por las calles mientras todos decían que el vestido era magnífico. Y únicamente los niños dijeron la verdad, y lo pasaron muy bien, riéndose y gritando llenos de alegría. "¡El rey va en calzones! ¡El rey va en calzones!". Mientras, pensaban que Carambolo II era un hombre lleno de humor y simpatía.

domingo, 10 de febrero de 2013

MINA

Calla, calla. No soy el mar, no soy el cielo, ni tampoco soy el mundo en que tú vives. Soy el calor que sin nombre avanza sobre las piedras frías, sobre las arenas donde quedó la huella de un pesar, sobre el rostro que duerme como duermen las flores cuando comprenden, soñando, que nunca fueron hierro. Soy el sol que bajo la tierra pugna por quebrantarla como un brazo solísimo que al fin entreabre su cárcel y se eleva clamando mientras las aves huyen. Soy esa amenaza a los cielos con el puño cerrado, sueño de un monte o mar que nadie ha transportado y que una noche escapa como un mar tan ligero. Soy el brillo de los peces que sobre el agua finge una red de deseos, un espejo donde la luna se contempla temblando, el brillo de unos ojos que pueden deshacerse cuando la noche o nube se cierran como mano. Dejadme entonces, comprendiendo que el hierro es la salud de vivir, que el hierro es el resplandor que de sí mismo nace y que no espera sino la única tierra blanda a que herir como muerte, dejadme que alce un pico y que hienda a la roca, a la inmutable faz que las aguas no tocan. Aquí a la orilla, mientras el azul profundo casi es negro, mientras pasan relámpagos o luto funeral, o ya espejos, dejadme que se quiebre la luz sobre el acero, ira que, amor o muerte, se hincará en esta piedra, en esta boca o dientes que saltarán sin luna. Dejadme, sí, dejadme cavar, cavar sin tregua, cavar hasta ese nido caliente o plumón tibio, hasta esa carne dulce donde duermen los pájaros, los amores de un día cuando el sol luce fuera. VICENTE ALEIXANDRE (España-1898) De "La destrucción o el amor"

lunes, 4 de febrero de 2013

una guia muy completa de Nueva York

http://www.traveler.es/guias/america-del-norte/estados-unidos/nueva-york

domingo, 13 de enero de 2013

Cuentos Clásicos XV: EL SOLDADITO DE PLOMO

La habitación de Carlos estaba repleta de juguetes. Había bailarinas, monos andadores, cajitas sorpresa, pelotas y muchas cosas más. y, además, nunca dejaban de llegar nuevos juguetes. Un día el papá de Carlos le regaló una caja con soldaditos de plomo. "Gracias papá", dijo Carlos, y rápidamente se lo llevó a su cuarto para jugar con ellos. Al abrir la caja se dio cuenta de que a uno de los soldaditos le faltaba una pierna. "Mira -le dijo a su hermana-, a este soldadito le falta una pierna, parece que hubiera ido a la guerra de verdad." Después de jugar toda la tarde, Carlos y su hermana se fueron a dormir y dejaron cerrado el cuarto de los juguetes. "¡Adelante! -se escuchó-, es la hora de divertirse." Eran los juguetes que por la noche cobraban vida. Despertaron los soldados, y todos de un salto se pusieron a formar, todos menos el soldadito cojo que, con más cuidado, salió despacito de la caja. "¡A formar!, -lle gritó el capitán- ¡Un, dos, un, dos, un dos!". Pero el soldadito no podía seguir el ritmo de los demás, así que se sentó en un cubo numerado triste y cabizbajo. "No soy un soldado de verdad, ni siquiera puedo hacer la instrucción", pensaba y pensaba. De pronto, empezó a escuchar una dulce música que lo hizo levantar la cabeza y.... ¡Oh, Dios mío! Una luz deslumbrante le revelaba a una preciosa bailarina que se movía con la melodía. Los ojos del soldadito se abrieron mucho, mucho, y también la boca, y como hipnotizado avanzó hasta tan bello espectáculo. La bailarina se dio cuenta de su presencia lo miró y sonrió dulcemente, y cuando el soldado fue a hablar: "¡¿Qué haces aquí?! -gritó un muñeco grande y feo-; ¡no te acerques a ella, me pertenece!", y se abalanzó contra él con muy malas intenciones. El soldado trató de defenderse pero cada vez se acercaba más y más a una ventana que habían dejado abierta. "¡Fuera de aquí!", gritó el muñeco y empujó al soldado. Éste perdió el equilibrio y cayó a la calle en un charco de barro. Dos niños que jugaban lo encontraron y al verlo sucio y cojo no lo quisieron y decidieron montarlo en un barco de papel para verlo navegar por el río. El soldadito asustado tomó el mando del barco que corría río abajo a gran velocidad. El barquito de papel no aguantó mucho y se hundió al llegar al mar. El soldadito se hundió rápidamente, pero antes de llegar al fondo un gran pez, creyéndolo comida, se lo tragó. No pasaron muchos días cuando un pescador dio con el atrevido pez, y ocurrió que la madre de Carlos se lo compró sin saber lo que había en su interior. Preparaba la cena la mamá cuando encontró al soldado, lo lavó bien y llamó a sus hijos: "Mirad lo que he encontrado". "¡Qué bien! ¡ Es como mi soldadito perdido! Mamá ¿crees que será el mismo?". "¿Quién sabe? -dijo la madre-, tal vez sea cosa de magia. Carlos corrió a su cuarto con el soldado y lo dejó en su cajita. Al cerrar la puerta saltó el soldado con intención de hablar con el malvado muñeco. "Esto no puede quedar así", se decía. Y fue en su busca. "¿Qué haces aquí? -le gritó el muñeco-, ¿quieres que vuelva a echarte a patadas de mi territorio?". "Esta vez no lo conseguirás", dijo el soldado. Y cuando el muñeco trató de agarrarlo se escuchó una voz. "Déjalo en paz". El muñeco miró atrás. ¡Era la bailarina acompañada de todos los juguetes! "Ya estamos hartos de que seas tan maleducado y te metas con los demás juguetes. Si quieres quedarte aquí deberás cambiar si no será mejor que te vayas", siguió diciendo la bailarina. El malvado muñeco al verse rodeado y sin apoyo, agachó la cabeza y se fue farfullando: "Esto no quedará así". Pero antes de irse le paró el soldado: "No te olvides que ya no te tenemos miedo y que yo estaré aquí siempre para protegerlos". "¡Viva el soldado!", gritaron todos al escucharlo. Pero... ¿qué paso con la bailarina? Pues que el soldadito y ella se hicieron grandes amigos y por la noche, a la luz de la luna, ella bailaba y el soñaba con poderla acompañar algún día.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Cuentos Clásicos XIV: EL RUISEÑOR Y LA ROSA

Dijo ella que bailaría conmigo si le llevaba unas rosas rojas – exclamó el joven estudiante –; pero no hay en todo mi jardín una sola rosa roja. Desde su nido de la encina oyóle el ruiseñor; miró por entre las hojas asombrado. – ¡No hay una sola rosa roja en todo mi jardín! – gritaba el estudiante. Y sus bellos ojos se llenaban de lágrimas. – ¡Ah, de qué cosa más insignificante depende la felicidad! He leído todo cuanto han escrito los sabios; poseo todos los secretos de la Filosofía y tengo que sentirme desdichado por falta de una rosa roja. «He aquí, por fin, el verdadero enamorado – se dijo el ruiseñor –. Le he cantado todas las noches, aun sin conocerle; noche tras noche he contado su historia a las estrellas, y ahora le veo. Su cabellera es oscura como la flor del jacinto, y sus labios rojos como la rosa que desea; pero la pasión ha tornado su rostro pálido como el marfil, y 1a tristeza le ha marcado en la frente con su sello.» – El príncipe da un baile mañana por la noche – murmuraba el joven estudiante –, y mi adorada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la estrecharé en mis brazos. Reclinará su cabeza sobre mi hombro y su mano descansará en la mía. Pero como no hay rosas rojas en mi jardín, tendré que estar solo y ella no me hará caso ninguno. No se fijará en mí para nada y mi corazón se desgarrará. «He aquí el verdadero enamorado – se dijo el ruiseñor –. Sufre todo lo que canto; todo lo que es alegría para mí, para él es dolor. Realmente el amor es una cosa maravillosa; es más precioso que las esmeraldas y más raro que los finos ópalos. Perlas y granadas no pueden comprarlo porque no se halla expuesto en el mercado. No puede comprarse al vendedor ni tampoco pesarlo en la balanza para el oro.» – Los músicos estarán en su estrado – decía el joven estudiante –. Tocarán sus instrumentos y mi adorada bailará a los sones del arpa y del violín. Bailará tan vaporosamente que sus pies no tocarán el suelo, y los cortesanos, con sus alegres atavíos, la rodearán solícitos. Pero conmigo no bailará, porque no tengo rosa roja que darle. Y dejándose caer en el césped escondió su cara en sus manos y lloró. – ¿Por qué llora? – preguntó una lagartija verde correteando cerca de él con su cola levantada. – Sí, ¿por qué? – dijo una mariposa que revoloteaba persiguiendo un rayo de sol. – Eso es, ¿por qué? – murmuró una margarita a su vecina con una dulce vocecilla. – Llora por una rosa roja – dijo el ruiseñor. – ¿Por una rosa roja? – exclamaron –. ¡Qué ridiculez! Y la lagartija, que era algo cínica, se echó a reír con todas sus ganas. Pero el ruiseñor, que comprendía el secreto de la pena del estudiante, permaneció silencioso en la encina, reflexionando en el misterio del amor. De pronto desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo. Pasó por el bosque como una sombra, y como una sombra cruzó el jardín. En el centro del prado se levantaba un hermoso rosal, y al verlo voló hacia él y se posó sobre una ramita. - Dame una rosa roja – gritó – y te cantaré mi canción más dulce. Pero el rosal sacudió su cabeza. - Mis rosas son blancas – contestó –, tan blancas como la espuma del mar, más blancas que la nieve en la montaña. Pero ve en busca del hermano mío que crece alrededor del viejo reloj de sol y quizá él te dé lo que quieres. El ruiseñor voló hacia el rosal que crecía en torno al viejo reloj de sol. – Dame una rosa roja – gritó – y te cantaré mi canción más dulce. Pero el rosal sacudió su cabeza. – Mis rosas son amarillas – respondió –, tan amarillas como los cabellos de las sirenas que se sientan sobre un trono de ámbar y más amarillas que el narciso que florece en el prado, antes que llegue el segador con su hoz. Pero ve en busca de mi hermano, el que crece debajo de la ventana del estudiante y quizá él te dé lo que quieres. Y el ruiseñor voló hacia el rosal que crecía debajo de la ventana del estudiante. – Dame una rosa roja – gritó – y te cantaré mi canción más dulce. Pero el rosal sacudió la cabeza. - Mis rosas son rojas – respondió –, tan rojas como las patas de las palomas y más rojas que los grandes abanicos de coral que el Océano mece en sus abismos. Pero el invierno ha helado mis venas, la escarcha ha marchitado mis botones, la borrasca ha partido mis ramas y no tendré ya rosas en todo este año. – No necesito más que una rosa roja – gritó el ruiseñor –, solo una rosa roja. ¿No hay ningún medio de que yo la consiga? – Hay un medio – respondió el rosal –, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo. – Dímelo – replicó el ruiseñor –. No tengo miedo. – Si quieres una rosa roja – dijo el rosal – tienes que hacerla con música, al claro de luna, y teñirla con la sangre de tu propio corazón. Cantarás para mí, con el pecho apoyado en una espina. Cantarás para mí durante toda la noche y la espina te atravesará el corazón y la sangre de tu vida correrá por mis venas y se convertirá en mi propia sangre. – La muerte es un alto precio para pagar una rosa roja – exclamó el ruiseñor –, y todo el mundo ama la vida. Es grato posarse en el verde bosque y mirar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perlas. Dulce es el olor del espino y dulces son las campanillas que se esconden en el valle y el brezo que crece en 1a colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida, ¿y qué es el corazón de un pájaro comparado con el de un hombre?. Entonces desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo. Pasó por el jardín como una sombra, y como una sombra cruzó sobre la arboleda. El joven estudiante permanecía tendido sobre el césped,. allí donde le dejó, y las lágrimas no se habían secado aún en sus bellos ojos. – ¡Sé feliz – gritó el ruiseñor –, sé feliz, tendrás tu rosa roja! La crearé con música aI claro de luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Lo único que te pido en cambio es que seas un verdadero enamorado, porque el Amor es más sabio que la Filosofía, aunque esta lo sea, y más fuerte que el Poder, aunque este lo sea. Sus alas son llamas coloridas y su cuerpo color de fuego. Sus labios son dulces como la miel y su aliento es como el incienso. El estudiante levantó los ojos del césped y escuchó, pero no pudo comprender lo que le decía el ruiseñor, pues únicamente sabía las cosas que están escritas en los libros. Pero la encina lo comprendió y se puso triste, porque amaba mucho al pequeño ruiseñor que había construido el nido en sus ramas. – Cántame una última canción – murmuró –. ¡Me quedaré tan triste cuando te vayas! Y el ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que burbujea en una jarra de plata. Al terminar su canción, el estudiante se levantó, sacano su cuadernito de notas y su lápiz del bolsillo. «Tiene estilo – se decía, paseándose por la alameda –, esto es innegable; pero ¿siente? Me temo que no. En realidad es como muchos artistas: todo estilo, sin nada de sinceridad. No se sacrifica por los demás. No piensa más que en la música y, como todo el mundo sabe, es egoísta. Ciertamente no puede negarse que su voz tiene notas muy bellas. ¡Qué lástima que todo eso no tenga sentido alguno o que no persiga ningún fin práctico!» Y entrando en su habitación, se acostó sobre su jergoncito y se puso a pensar en su amor, y al cabo de un momento se quedó dormido. Y cuando la luna brilló en los cielos, el ruiseñor voló al rosal y colocó su pecho contra una espina. Y toda la noche cantó con el pecho apoyado contra la espina, y la fría luna de cristal se detuvo y estuvo escuchando. Cantó durante toda la noche, y la espina penetraba cada vez más en su pecho, y la sangre de su vida fluía de su pecho. Al principio cantó el nacimiento del amor en el corazón de un joven; y de una muchacha. Y sobre la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo por pétalo, canción tras canción. Primero era pálida como la bruma que flota sobre el río..., pálida como los pies de la mañana y argentada como las alas de la aurora. La rosa que florecía sobre la rama más alta del rosal parecía el reflejo de una rosa en un espejo de plata, el reflejo de una rosa en una laguna. Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra la espina. – ¡Apriétate más, pequeño ruiseñor – gritó el rosal –, o llegará el día antes que la rosa esté terminada! Y el ruiseñor se apretó más contra la espina, y su canto creció más sonoro, porque cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una virgen. Y un delicado rubor apareció sobre los pétalos de la rosa, lo mismo que enrojece la cara de un enamorado que besa los labios de su prometida. Pero la espina no había llegado aún al corazón del ruiseñor, y el corazón de la rosa seguía blanco, porque solo la sangre de un ruiseñor puede colorear el corazón de una rosa. Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra la espina. – ¡Apriétate más”pequeño ruiseñor – gritó el rosal –, o llegará el día antes que la rosa esté terminada! Y el ruiseñor se apretó aún más contra la espina, y la espina tocó su corazón, y sintió en él un cruel espasmo de dolor. Cuanto más acerbo era su dolor, más impetuoso salía su canto, porque cantaba el amor sublimizado por la muerte, el amor que no fenece en la tumba. Y la rosa maravillosa enrojeció como la rosa del cielo oriental. Purpúreo era el cerco de pétalos, y purpúreo como un rubí era el corazón. Pero la voz del ruiseñor desfalleció y sus breves alas empezaron a batir y una nube se extendió sobre sus ojos. Su canto se fue debilitando cada vez más y sintió que algo le cerraba la garganta. Entonces su canto tuvo un último estallido de música. La blanca luna le oyó; y, olvidándose de la aurora, se detuvo en el cielo. La rosa roja le oyó; tembló toda ella de arrobamiento y abrió sus pétalos al aire frío de la mañana. Eco le condujo hacia su caverna purpúrea de las colinas y despertó de sus sueños a los pastores dormidos. Flotó entre los cañaverales del río, que llevaron su mensaje al mar. – ¡Mira, mira! – gritó el rosal –. ¡Ya está terminada la rosa! Pero el ruiseñor no respondía; yacía muerto sobre las altas hierbas, con el corazón traspasado por la espina. A mediodía el estudiante abrió su ventana y miró hacia afuera. – ¡Qué maravillosa obra de la suerte! – exclamó –. ¡He aquí una rosa roja! No he visto una rosa semejante en toda mi vida. Es tan bella que estoy seguro de que debe de tener un largo nombre en latín. E inclinándose la arrancó. Se puso el sombrero y corrió a casa del profesor con su rosa en la mano. La hija del profesor estaba sentada a la puerta; devanaba seda azul en un carrete, con un perrito echado a sus pies. – Dijisteis que bailaríais conmigo si os traía una rosa roja – dijo el estudiante –. He aquí la rosa más roja del mundo. Esta noche la prenderéis cerca de vuestro corazón, y cuando bailemos juntos ella os dirá cuánto os amo. Pero la joven frunció las cejas. – Temo que esta rosa no case con mi vestido – respondió –, y, además, el sobrino del chambelán me ha enviado varias joyas de verdad, y todos saben que las joyas cuestan más que las flores. – ¡Bien! ¡A fe mía que sois una ingrata! – dijo el estudiante con aspereza. Y tiró la rosa al arroyo, donde un pesado carro la aplastó. – ¡Ingrato! – dijo la joven –. Os diré que sois muy grosero, y, después de todo, ¿quién sois? Solamente un estudiante. No creo que tengáis hebillas de plata en los zapatos, como las del sobrino del chambelán. Y levantándose de su silla se metió en la casa. «¡Qué tontería es el amor! – se decía el estudiante a su regreso –. No es ni la mitad de útil que la Lógica, porque no puede probar nada. Habla siempre de cosas que no sucederán y hace creer a la gente cosas que no son ciertas. Realmente no es nada práctico, y en nuestra época todo estriba en ser práctico. Voy a volver a la Filosofía y al estudio de la Metafísica.» Y ya de vuelta en su habitación, sacó un gran libro polvoriento y se puso a leer. Oscar Wilde
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